"Los árboles son poemas que la Tierra escribe en el cielo. Los cortamos y los convertimos en papel, para poder dejar constancia de nuestro vacío". Kahlil Gibran

miércoles, 31 de julio de 2013

¿ Las plantas Oyen?

Investigadores internacionales sugieren que, además de ser sensibles a las señales químicas y las lumínicas, las plantas pueden interceptar los estímulos sonoros a su alrededor. Las plantas pueden intercambiar información con su entorno. Hace décadas que se sabe que se comunican entre ellas mediante señales químicas. Por ejemplo, las hojas de la planta de tabaco emiten una sustancia química que, al entrar en contacto con la saliva de la oruga, atrae a otros insectos que la devorarán, salvando a la planta de un fatal destino. Y la planta conocida como “no me toques” (Impatiens pallida) gasta menos energía en crecer cuando se sabe rodeada de plantas de su familia, con quienes comparte los nutrientes. Sin embargo, el papel que pueda jugar el sonido en este entramado de señales sigue siendo una incógnita para los científicos y las incursiones en este campo son muy escasas. La bióloga Monica Gagliano inmersa en el campo de la comunicación acústica en las plantas, indaga científicamente si son capaces de percibir y emitir sonidos. En uno de los primeros experimentos, detectó unos sonidos provenientes de una planta de maíz, una serie de clicks que se producen cuando las burbujas de aire pasan por los conductos que llevan agua y nutrientes a la planta. Se emitían a una frecuencia muy baja, de 220 hz, es decir, inaudible para el ser humano pero perceptible gracias a un equipo especializado que los científicos colocaron en la planta. Para saber si este sonido sería perceptible por otras plantas, lo reprodujeron a diferentes frecuencias ante un ejemplar de la misma especie. “La planta de maíz demostró tener una sensibilidad selectiva hacia los sonidos emitidos en la misma frecuencia en la que ella los produce, pero no hacia frecuencias más bajas ni más altas que esa”. Gracias a la técnica de timelapse (series de fotografías reproducidas como una película a gran velocidad), los científicos apreciaron que las raíces de la planta se doblaban en dirección hacia la fuente de sonido a 220hz. “Todavía no se puede explicar por qué lo hace, pero saben que algo está pasando a esa frecuencia que genera una respuesta en la planta”. Lo que sí está claro es que los resultados son interesantes y podrían abrir una puerta hacia nuevas formas de comprender la sensibilidad de las plantas ante estímulos físicos que no sean la luz ni las señales químicas Este descubrimiento certifica que “las plantas poseen estructuras potencialmente sensibles a estímulos vibratorios y que cualquier tipo de estructura similar a un pelo que se proyecte sobre una superficie [como hacen los de las raíces] tiene la capacidad potencial de moverse y reaccionar ante estímulos acústicos, es decir, a cambios de la presión en el ambiente”. La sensibilidad de las plantas ante los cambios de presión ya es conocida”, como en el caso de la planta de la m imosa, que pliega sus hojas ante el menor contacto físico, tomando una apariencia menos apetecible y carnosa que la protege de posibles depredadores. Pero hay que diferenciar sonido de vibración ya que lo más probable es que haya sido el sonido entendido como la vibración física en un medio, sea audible o no, la que haya actuado como estímulo, lo que limitaría mucho el alcance de estas hipotéticas señales, aunque no deja de ser muy intrigante, si el intercambio de información se produce a través de las vibraciones, las plantas deberían estar muy cerca las unas de las otras para poder captarlo. Para poder hablar de comunicación, habría que demostrar que hay señales que “son emitidas” por un individuo, que “siguen un sendero” y son recogidas por un “recibidor” que realiza una acción en respuesta. Pero no se han realizado experimentos que demuestren que una planta reaccione al estímulo generado por otra. Los experimentos aún son demasiado débiles, deberían buscarse las mismas evidencias que se buscan cuando se estudia la comunicación entre animales, y eso aún no se ha hecho Estudios realizados con la plata del hinojo han demostrado que esta planta emite unas sustancias químicas que provocan que las que están a su alrededor frenen el crecimiento. Colocaron el hinojo dentro de unas cajas que bloqueaban el paso de señales químicas, y comprobaron que las semillas de chile a su lado aminoran el crecimiento de sus raíces. Se repitió el experimento con 2.400 semillas de chile en 15 cajas obteniendo una y otra vez el mismo resultado: la semilla reaccionaba ante la presencia del hinojo aún estando dentro de la caja, lo que indicaba que estaba respondiendo a una señal de algún tipo que no era ni lumínica ni química. De alguna manera la planta identificaba a su vecino, y puede ser gracias a información que recibe en forma de vibraciones acústicas. La mayoría de investigadores opina que es necesario llevar a cabo experimentos de playback, “en los que se graben esos clicks y se reproduzcan ante otras plantas, para ver si inducen cambios fisiológicos o de comportamiento, así se tendría evidencia directa si se averiguase qué estímulo aislado causa una respuesta concreta. Algunos investigadores remarcan la posibilidad de que no se trate de sonidos intencionados, sino que sean producidos de manera casual y en todo caso sean “interceptados por los vecinos que puedan sacar de ellos una información ventajosa, o no” “El sonido está presente en la naturaleza de manera voluntaria e involuntaria”, según Monica Gagliano. Que exista no siempre quiere decir que haya sido producido a propósito, pero, “tampoco excluye la posibilidad de que pueda aportar una información beneficiosa a quien lo intercepte. Los latidos del corazón o la respiración humana producen sonidos que no tienen una intencionalidad concreta, son consecuencias de una serie de mecanismos, sin embargo, podrían servir de utilidad a un ser humano para distinguir si otro está vivo, muerto o tiene problemas. Aunque en el caso de las plantas, aún está por demostrar que estos sonidos sean perceptibles para las plantas cercanas a la emisora. Los resultados apuntan a la existencia de senderos de comunicación alternativos a los que se conocen y los investigadores apuestan por las señales acústicas, probablemente percibidas en forma de vibración, como opción más plausible. No se sugiere que las plantas estén teniendo conversaciones activamente entre ellas, pero sí que sean capaces de percibir las vibraciones mecánicas a su alrededor y sacar de ello alguna ventaja para su supervivencia.

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