"Los árboles son poemas que la Tierra escribe en el cielo. Los cortamos y los convertimos en papel, para poder dejar constancia de nuestro vacío". Kahlil Gibran

lunes, 30 de mayo de 2011

Mi amiga Silvia me mandó desde Argentina hace tiempo una pequeña plantita de orquideas que ella posee en su jardin. Yo llevo cuidándola según sus consejos, durante muchos años y ahora de pronto sin apenas llamar la atención casi escondida en el tronco de un árbol, temerosa, me regaló su floración. Es hermosa y se la dedicó a mi querida amiga para que vea como en Málaga ha florecido esta belleza que ella me envió con tanto cariño. Gracias Momiji







miércoles, 18 de mayo de 2011





La Pasionaria o Flor de la Pasión fue descubierta en Perú a principios del siglo XVI y pronto se extendió por Brasil, México, Estados Unidos y las Antillas.

Fue en el siglo XVII, cuando el Papa Pablo V consideró que era la representación de la Pasión de Cristo, y dió este nombre a la flor por la semejanza del dibujo interior de la corola con la Corona de espinas de Jesucristo, la cantidad de estambres indica las cinco heridas o llagas de su cuerpo, los tres estilos serían los tres clavos con los que fue clavado en la cruz y los pétalos representan a los apóstoles, hay quien encuentra en ella también las cuerdas con que lo sujetaron. En lo que se refiere a su fruto, es pequeño, ovoidal y de color anaranjado, y guarda en su interior unas semillas rojizas que se definen como las gotas de la sangre coagulada que el santo Cuerpo dejó manar.

Existen hasta 400 especies del género de las passifloráceas. Son lianas trepadoras que llegan hasta los 9 m. de altura, con los tallos leñosos y la raíz perenne. Sus flores, de unos 5 cm. de diámetro, desprenden una aroma agradable y varían desde colores como el blanco hasta el rosa, pasando por el lavanda pálido o malva.

Aunque las pasionarias proceden de los terrenos secos y abrigados de América, también se usan como plantas ornamentales en los jardines europeos, con un clima templado. No obstante, aguanta bien los inviernos fríos.

La Passiflora edulis, cuyo fruto se usa para elaborar una bebida refrescante conocida con el nombre de “maracuyá”, es originaria del Sur del Brasil, Paraguay y Norte de Argentina. Actualmente es cultivada en muchos países y ha sido adaptada para su cultivo en los Andes hasta los 2.400 metros de altura.

El simbolismo cristiano tiene su complemento en una conocida leyenda guaraní que relata lo siguiente:

En ciertas épocas coloniales, en las misiones del nordeste argentino arribó un sacerdote. El mismo atravesaba diariamente la selva en busca de indios para convertir a la nueva Fe.

Y ocurrió que cierta vez, al cruzar un claro, oyó un apremiante sollozo infantil. Se trataba de una niña que se había resguardado entre las endebles ramas de un frágil árbol al ser acorralada por un fiero yaguareté.

Dirigió el misionero sus pasos hacia el preciso sitio, atrayendo así sobre sí mismo el furioso ataque del yaguareté, en tanto instaba a gritos a la desesperada criatura a que huyera para ponerse salvo.

En ese interín, la fiera, cambiando de presa rápidamente, se arrojó sobre el sacerdote quitándole la vida del modo más horrendo, a zarpazos y mordiscos. La abundante sangre que brotó del cuerpo del valiente hombre empapó el poroso suelo, y al poco tiempo emergió allí una planta, el mburucuyá o pasionaria, y su flor cumple con la misión de recordarle al mundo la belleza de quien sufre por el bien de los demás.

Hay otra leyenda relatada en el Blog de Claudia ( http://eljardindeclaudia.blogspot.com/2008_01_02_archive.html) y es esta:

Es una leyenda de amor, que encierra una historia triste… muy triste. El sacrificio de las criaturas nobles, víctimas de los prejuicios, cuyo compromiso sellaron en el más profundo secreto y no quebrantaron jamás.

Había llegado un día un capitán español… y con él, una hija cándida… delicado exponente de la belleza hispana. Y como ocurre siempre, la doncella se enamoró; pero se enamoró de un amor imposible, de un cacique del lugar. Ambos jóvenes mantenían en secreto su cariño, hasta que un día el capitán buscó esposo para su hija; y lo buscó, naturalmente, entre los suyos.

¡Cómo comprendió la niña blanca… cómo supo el varón de la tribu lo que son las heridas del corazón! Ella se tornaba triste… languidecía. Él, rugía en angustia y desesperación.

Cierta vez, cuando la tarde agonizaba y el sol pintaba en sangre el bosque vecino, ella acudió temblorosa a la cita; pero él, arrojado y valiente, no pudo llegar. Había muerto por la navaja de un español. Cuando una india le relató el suceso, ella llena de dolor, corrió hacia el cuerpo del amado. Ella misma cavó la fosa, honda para que cupieran los dos.

Después, mientras se atravesaba el corazón, se iba apretando más contra la fosa y su amado.

Un manto de tierra cubrió los cuerpos de aquellos infortunados… y… un día, en aquel mismo lugar, donde la tribu y el español habían aprendido a pasar en silencio, con la cabeza baja; comenzó a crecer una planta desconocida, que se trepaba por los viejos troncos vecinos, como para brindar a sus rugosos y envejecidos cuerpos, la frescura de unos amores jóvenes y puros. Aquella planta misteriosa abrió por fin sus flores; y en ellas descubrió el misionero- que acompañó con la cruz la espada del hidalgo - los signos de la Pasión.

Por eso se llamó a la planta Pasionaria y los atributos de la Pasión ostentados por la flor, son una señal de que Dios perdonó a la joven enamorada.

domingo, 15 de mayo de 2011



























martes, 10 de mayo de 2011



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